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viernes, 7 de noviembre de 2008

RELATOS DEL “SEÑOR ANÓNIMO”

Por Jesús Pérez Uruñuela

Navegando por el mundo del “INTERNET” en la búsqueda de datos requeridos en una de mis investigaciones, agradable sorpresa fue mi encuentro con el SEÑOR ANÓNIMO, famoso poeta, literato, filósofo, pintor, etcétera, poseedor de infinita sabiduría, aplicada en todas las ramas del conocimiento humano. Estaba cómodamente ubicado en uno de esos PORTALES que la tecnología moderna ha creado en la llamada “cibernética”. Mucha complacencia me causó verlo, porque, siempre sorprende su elocuencia y su innegable saber. Para no aburrirlo con innecesaria parola, pedí a tan sabio personaje, me permitiera transcribir en mi columna algo de su amplísima obra literaria. Estuvo de acuerdo, y a continuación expongo tres relatos de su autoría:

PRIMER RELATO.
Grupos de trabajo de alto desempeño
.
La próxima vez que tú veas a los gansos migrando al sur por el invierno, volando en formación V, tú estarás interesado en conocer que ciencia los lleva a volar de esa manera, ellos han aprendido que las alas del ganso que va adelante reduce la resistencia del aire al ganso que va atrás. Volando en formación V la parvada en conjunto adiciona un rango de vuelo mayor del 71% comparado con el que un ganso podría volar solo.Cuando un ganso se sale de formación siente súbitamente la molestia de la resistencia del aire y rápidamente regresa a la formación para tener la ventaja del poder de sustentación que le ofrece el ganso de enfrente. Y si e pájaro líder se cansa, se va para atrás y otro toma su lugar. El graznido de los gansos de atrás sirve de aliento a los de adelante para mantener la velocidad. Finalmente, cuando uno de los gansos se enferma o está herido y cae, dos gansos más se salen de la formación siguiéndolo para protegerlo y ayudarlo. Ellos permanecen con él hasta que se recupera o muere; y entonces despegan en su propia formación o se adicionan a otra para alcanzar a su grupo original. Como tú puedes ver –me dijo el SEÑOR ANÓNIMO en carácter de moraleja- lo que tenemos que hacer para atraer aquellos que no participan, es demostrarles que el mundo que nos rodea es similar al mundo de los gansos. Esto significa que tenemos que pagar un mínimo precio, para poder obtener más de todos, organizándonos como un gran equipo.

SEGUNDO RELATO.
La marioneta.
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate. Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto no solamente mi cuerpo sino también mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos... Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un solo instante sin decirle a la gente que la quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez la mano de su padre, lo tiene atrapado para siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de su maleta, infelizmente me estaré muriendo.

TERCER RELATO
Cada mañana en el África.
Cada mañana, en el África,una gacela se despierta; sabe que deberá correr más rápido que el león, o éste la matará. Cada mañana, en el África, un león se despierta; sabe que deberá correr más rápido que la gacela, o morirá de hambre. Cada mañana, cuando sale el sol, no importa si eres un león o una gacela; mejor será que te pongas a correr.

Palabras de Gibrán Jalil Gibrán


Selección de textos de Jesús Pérez Uruñuela


Una vez cada cien años, Jesús de Nazaret se encuentra con Jesús, el de los cristianos en un jardín entre las colinas de Líbano. Y conversan largamente y cada vez, Jesús de Nazaret se despide de Jesús el de los cristianos diciendo: “Amigo mío temo que nunca llegaremos a un entendimiento”.
O – O – O –
JESÚS CRUCIFICADO.
HOY, en un día como éste, cada año, despierta la humanidad de su profundo letargo para detenerse un instante ante la sombra de los siglos, y mirar con ojos anegados en lágrimas, a Jesús de Nazaret suspendido de la cruz… Y, apenas huye el sol arrastrando todos los rumores del día, vuelve esta misma humanidad a postergarse con devoción, ante los ídolos levantados en lo alto de cada colina y en la cumbre de todas las montañas.
Hoy, el recuerdo guía al alma de los cristianos esparcidos en los diversos rincones de la tierra, hacia las inmediaciones de Jerusalén, donde se detienen en largas filas, golpeándose el pecho, y con mirada fija en un espectro coronado de espinas, que abre los brazos al infinito, mirando con clarividencia, a través de los velos de la muerte, las profundidades de la vida… Mas apenas cubre el manto de la noche los escenarios de este día, los cristianos se tumban una vez más en montonera, a la sombra del olvido y en el lecho de crasa y desconsoladora ignorancia.
Hoy, en un día como éste, cada año, abandona el filósofo su gruta sombría, el pensador su fría celda y el poeta su mundo imaginario, y, respetuosos y callados, se detienen en una elevada montaña, donde escuchan atentamente a un joven que dice a sus asesinos: “Perdónalos, Padre mío, porque no saben lo que hacen”… Pero, apenas el silencio nocturnal absorbe el polvo dorado de la claridad, vuelven nuevamente el filósofo, el pensador y el poeta, a amortajar su espíritu en las páginas amarillentas y carcomidas de los libros.
Jesús no descendió del Círculo de la Luz suprema para demoler casas y construir con sus piedras, iglesias y conventos, ni para sugestionar a los hombres fuertes y convertirlos en frailes y monjes; sino para dar al mundo un espíritu nuevo y vigoroso, capaz de derrumbar tronos sostenidos por los cráneos, de demoler los palacios edificados sobre las tumbas, y de pulverizar los ídolos levantados sobre los cuerpos escuálidos de los pobres y de los débiles.
Jesús no vino a enseñar a los hombres a construir iglesias y templos imponentes junto a las humildes cabañas; sino a convertir, del hombre, el corazón en templo, el alma en altar y la mente en sacerdote.
- - O – O – O –
EL RELÁMPAGO.
UN DÍA DE TORMENTA, estaba un obispo cristiano en su catedral, y una mujer impía vino y se paró ante él, y dijo: “No soy cristiana. ¿Hay salvación para mí de las llamas del infierno?
Y el obispo miró a la mujer, y respondió: “No, solamente hay salvación para los bautizados en agua y en el espíritu.”
Y mientras hablaba, cayó una terrible centella del cielo y llenó de fuego toda la catedral.
Y los hombres de la ciudad acudieron y salvaron a la mujer, pero el obispo quedó consumido, pasto de las llamas.
- O – O – O –
EL FILÓSOFO Y EL ZAPATERO
UNA VEZ vino a la tienda de un zapatero un filósofo con los zapatos gastados. Y el filósofo dijo al zapatero: “Por favor remienda mis zapatos.”
Y el zapatero dijo: “Estoy remendando ahora los de otro hombre, y todavía tengo otros que parchar antes que los tuyos. Pero deja tus zapatos aquí y mientras tanto usa esto otro par, y mañana vuelve por el tuyo. Entonces el filósofo se indignó y dijo: “No usaré otros que no sean los míos.”
Y el zapatero respondió: “Entonces eres, de verdad, un filósofo, no puedes meter tus pies en los zapatos de otro hombre. En esta misma calle hay otro zapatero que entiende a los filósofos mejor que yo. Ve con él para que te los remiende.
TIERRA FERTIL.
UN ÁRBOL LE DIJO A UN HOMBRE: “Mis raíces están en lo profundo de la tierra y yo te daré mi fruto.”
Y el hombre dijo al árbol: “¡Cómo nos parecemos! Mis raíces están también profundas en la tierra. Ella te da poder para regalarme tu fruto ya mí me enseña a recibirla de ti con agradecimiento”

jueves, 30 de octubre de 2008

¡En México no pasa nada!

(La rebelión de Ciudad Madera Chihuahua)
Por Jesús Pérez Uruñuela



Escueta nota periodística fue publicada en las páginas interiores de un diario matutino de la ciudad de México:
Chihuahua, Chih. 24 de septiembre de 1965. El día de ayer un grupo de guerrilleros pretendieron tomar por asalto el cuartel militar de Ciudad Madera, población (centro de una rica zona boscosa de la Sierra Madre) ubicada al noroeste de la capital del estado, a 321 kilómetros por la vía ferrocarril “Chihuahua Pacífico” rumbo a Topolobampo, Sin.
El ataque fue repelido por las fuerzas federales sin que se reportase baja alguna.

Días después en el Palacio Nacional.
Dos personas vestidas con trajes oscuros y portafoloios en mano se introdujeron al despacho presidencial, el cual estaba iluminado por un candil de múltiples cristales. Los exquisitos acabados de la ebanistería del mobiliario, así como el artístico diseño del parquet y de las alfombras de sus pisos, daban a la amplia oficina un ambiente de refinada sobriedad y elegancia. En una de las paredes destacaba el alto estante lleno de libros encuadernados en piel, librero que en sus costados tenía incrustadas dos cariátides que sostenían una corta columna estriada, muestras representativas de las finas obras de arte del tallado en madera que adornaban aquel recinto. A un costado del escritorio y del sillón (este último, tapizado con terciopelo y rematado su respaldo con una águila dorada) estaba una bandera nacional, la cual con sus colores verde, blanco y rojo, daban el toque mexicanista al espacio de trabajo del Primer Mandatario del país.
Los recién llegados se detuvieron frente a un viejo militar que permanecía sentado de cara al escritorio presidencial, quien por llevar en las hombreras un águila y tres estrellas, era General de División. Sin pronunciar palabra entregaron al castrense personaje los documentos que llevaban en los maletines y de inmediato, él con displicencia empezó a revisarlos sin mudar su estatuaria imagen y su inexpresivo y adusto rostro.
En tanto que el General absorto leía, los dos civiles algo murmuraron; luego, uno de ellos salió, mientras el otro (de ancho torax, atlético cuerpo y pronunciada calvicie) se dirigió al gran ventanal por el cual se observaba el zócalo capitalino. Se acercó al grueso y biselado cristal y con interés contempló allá abajo a un grupo de soldados que arriaban el colosal pabellón tricolor de la monumental asta bandera que se erguía en el centro de la explanada.
Con precisa coordinación y marciales movimientos, el lábaro fue recibido y cuidadosamente plegado. Finalmente con máximo miramiento trasladaron el símbólico lienzo patrio al interior del Palacio Nacional por la puerta central del mismo, ante la mirada de numersosas personas que con respeto vallaban el pelotón militar participante en aquella ceremonia.
Transcurridos unos instantes, la circulación vehicular se regularizó en torno al zócalo y de nuevo, sobre aquella área cuadriculada de cemento, los peatones reanudaron su aparente desatinado caminar.
Ningún sonido llegaba del exterior; adentro de la oficina presidencial existía un silencio que solamente era alterado por el ruido que ocasionaba el militar al hojear los documentos engargolados que acuciosamente repasaba.
Una puerta se abrió y por ella entró el Presidente de la República y la persona que veía a través de la ventana con celeridad acudió a reunirse con el General, quien ya estaba de pie en respetuosa posición.
Antes de sentarse en su sillón, el Mandatario comentó;
-Perdón por la demora, pero mi entrevista con “Su Señoría” se prolongó más de lo esperado; no obstante, los resultados de la misma, fueron altamaente productivos. Y agregó: -Tomen asiento por favor –y los dos se acomodaron frente a él.
-Señores –volvió a hablar el gobernante- en la sala de juntas están reunidos los Secretarios de Estado que hoy he convocado para definir la estrategia que nos permitirá enfrentar y corregir la situación de “intranquilidad” que desde el 23 de septiembre existe en la zona montañosa de Madera del estado de Chihuahua. Antes, quise hablar con ustedes: los Secretarios de la Defensa y de Gobernación, quienes coordinarán la actuación gubernamental conjunta que habremos de tener en aquella región y así lo haré saber al resto de mi gabinete.
Y con un ademán indicó al General Secretario de la Defensa que expusiese sus puntos de vista.
El encargado del Ministerio de Guerra, era reconocido como un experimentado miltar por haber participado en la Revolución en la División del Norte de Francisco Villa. Pasado el tiempo, llegó a ser Director del Colegio Militar y jefe de varias zonas militares del país. Además, por su probada lealtad y profesionalismo, el Señor Presidente lo estimaba sobremanera.
-Agradezco encarecidamente su alta distinción y confianza –expresó el militar y procedió a informar:
-Con motivo de los desagradables acontecimientos del pasado 23 de septiembre y en atención a sus superiores instrucciones, “implementé” no sólo en la sierra de Chihuahua, sino también en parte de Sonora y Durango, una serie de operativos consistentes en el establecimiento de retenes, patrullajes en caminos vecinales y vuelos de reconocimiento para localizar a los integrantes de aquel grupo rebelde. Como resultado de esas acciones fue aprehendido un número importante de sospechosos pobladores de la región, presuntamente coludidos con los del fallido artero ataque al cuartel militar de ciudad Madera.
-Nuestras metas –continuó el viejo soldado- se lograron, porque recuperamos el estricto control de la zona, razón por la cual no se han repetido otras agresiones del mentado grupo guerrillero. Sin embargo, debo hacer de su conocimiento que existe una manifiesta simpatía del pueblo tarahumara hacia los sublevados, lo cual, si no actuamos adecuadamente y con prontitud, podríamos tener en un tiempo que enfrentarnos a un levantamiento, el que deberá ser sofocado con alto costo social y político.
Sin comentar el Presidente volvió la mirada hacia el Licenciado, Secretario de Gobernación: ágil, manipulador y ambicioso funcionario, gran conocedor de las veladas fuerzas e intereses que accionaban la política interna, las cuales tenía en mente utilizar en su beneficio personal para en el futuro ascender a la máxima posición del gobierno de la nación. Y con voz pausada y monótona expuso sus consideraciones:
Yo también me siento altamaente honrado por la oportunidad que usted Señor Presidente me ha brindado de servirle en estrecha coordinación con el Secretario de la Defensa. Estoy en total acuerdo con mi General, que el caso “Madera” rebasa lo militar y que requiere de medidas adicionales a lo ya realizado. Por ello, presento a su consideración un “programa emergente” que consiste en la participación de los diversos organismos del gobierno identificados con los aspectos sociales, de salud y asistenciales, para que –entre otras acciones- se hagan llegar a aquellas comunidades indígenas despensas, leche, mantas y ropa. La Conasupo puede ser el conducto adecuado para ese propósito. Asimismo, la Secretaría de Salubridad, a través de su Delegación Estatal, podrá emprender una campaña sanitaria y de vacunación y hasta la Secretaría de Educación, se haría presente con una promoción alfabetizadora y con el regalo de libros de texto y desayunos escolares. Y en diciembre repartiremos piñatas, dulces y juguetes para las celebraciones navideñas. Todo eso, servirá para ratificar la presencia siempre oportuna del gobierno de la República en las comunidades que lo requieren y así echar por tierra las demagógicas banderas reivindicadoras de esos agitadores que cobardemente se escudan en el anonimato y en la oscuridad de la noche para atacar a traición y que preteneden deformar con exóticas ideas ajenas a la idiosincracia nacional la manera de pensar y de sentir de nuestro pueblo.
El Presidente sonrió en señal de satisfacción y al hacerlo dejó al descubierto la espléndida dentadura que tanto agrandaba su boca. Sus pequeños ojos brillaron tras los cristales de sus lentes y emocionado exclamó:
--¡Si General, si Licenciado! ¡Ese sentimiento patriótico que tenemos los del “Partido Ofical”, es lo que nos ha hecho herederos del poder en este hermoso país...! -Y de inmediato se puso de pie para resumir lo que habría de tratarse ante los demás encargados de las carteras ministeriales.
-Con esas mismas palabras, quiero que ustedes dos expongan ante sus “colegas” el espíritu republicano y nacionalista que deberá inspirar nuestras acciones para evitar que aquellos desventurados indígenas del norte de nuestro país sean presa del comunismo internacional. Además, les comunico que “Su Señoría” me ofreció que, con el fin de coadyuvar a los objetivos de “estabilidad y paz” de los habitantes de la zona chihuahuense de Madera, en estos días, él enviará un grupo de sacerdotes a reforzar e intensificar la evangelización católica entre los tarahumaras que tan erradamente piensan que el embrutecimiento con alcohol del maíz los acerca a Dios Nuestro Señor. Los prelados misioneros serán Agustinos Recoletos, recién llegados de España...
-Dispense Señor Presidente, ¿por qué extranjeros? –interumpió el Secretasrio de Gobernación.
-Esa misma pregunta me hizo “Su Eminencia Ecleciástica” y ¿se imaginan qué explicación le dí?: -Si enviáramos a aquellas comunidades curas mexicanos, se correría el riesgo de que en corto tiempo, alguno de ellos, se involucrara tanto en la problemática local que decidiera organizarlos en una incipiente revuelta contra el gobierno. Y ¿qué tendríamos qué hacer? ¿Eliminarlo o encarcelarlo? ¡No nada de eso es recomendable, porque se provocaría un escándalo público! Sin embargo, si los sacerdotes son de otros países, estarán tan ocupados en comprender las costumbres, tradiciones y forma de pensar de los indígenas que requerirán de muchos años para identificarse plenamente con ellos. Y si alguno de esos curas resulta conflictivo y revolucionario, disponemos de dos recursos: la excomunión y la deportación.
-¿Qué les pareció mi razonamiento? –agregó con tono irónico el gobernante y los tres rieron con estridentes carcajadas, después de las cuales, el mandatario con recuperada seriedad ordenó:
-Vayamos en este momento a la sala de juntas para exponer los objetivos de trabajo de la Presidencia en el caso “Madera”.
-Un comentario final –dijo el Secretario de la Defensa:
-Si señor General, diga usted.
-Lo que vamos a realizar en Chihuahua, me parece lo más adecuado –expuso el militar- sin embargo, pienso que esas medidas las deberíamos hacer extensivas con carácter preventivo a las otras zonas del país en donde la población indígena es numerosa.
-Entiendo el sentido de sus palabras –replicó el Presidente- pero estimo que no estamos en una situación que justifique actuar así a nivel nacional. Mire usted, aparte de lo acaecido en ciudad Madera y salvo algunas gavillas de maleantes que actúan en Guerrero, ¿en qué otros estados pudiéramos tener descontento social? ¿Aquí en la capital? Obviamente que no, porque, aunque los jóvenes constituyen el sector “más inquieto”, bien sabemos que para la UNAM y el POLI tenemos previstos los “elementos y contactos adecuados y necesarios” para mantenerlos “en un puño”. Por ello, nunca tendremos problemas mayores con “esos muchachitos”. Además, al sindicalismo, al sector popular y al campo, los controlamos con “las confederaciones”
Luego el gobernante, al tiempo que alternaba su mirada con los dos interlocutores, cuestionó:
-¿Realmente creen ustedes que pudieran haber acciones rebeldes de los indios del Valle del Mezquital, de los mayas de Yucatán, de los mixtecos o zapotecas de Oaxaca, o de los chamulas y tzotziles de Chiapas, ¡por favor...no nos calentemos demasiado, que... en México no pasa nada...!
El Primer Mandatario acompañado de los dos Secretarios salió del depacho en dirección de la sala de juntas, en tanto afuera había anochecido y el zócalo resplandecía con el alumbrado público y las imágenes luminosas alusivas a los personajes de la Revolución Mexicana, formadas con miles de pequeño focos de colores.
En un costado de la monumental plaza, sobresalía el esplendor y la majestuosidad de la Catedral Metropolitana, construcción de estilo barroco neoclásico. En el otro extremo, el anterior edificio del Ayuntamiento (sede del Gobierno del Distrito Federal) lucía su también alumbrada fachada en cantera, adornada con escudos elaborados con azulejos poblanos.
A un costado del antiguo inmueble de los “Mercaderes”, la refulgente y serena efigie de Emiliano Zapata, “el Caudillo del Sur”, miraba fijamente al Palacio Nacional, el cual también reflejaba las luces de las candilejas de un optimista presente y de un eterno ilusorio futuro.

EN EL BOSQUE DE LAS VIRTUDES

Al entrañable maestro y poeta Manuel Aguilar de la Torre,
quien me honra con su amistad y me hace añorar al hermano
mayor que no tuve.
Escrito en diciembre 5 del 2001 y actualizado el 22 de agosto de2003.

Por Jesús Pérez Uruñuela


¿Qué es lo que existe en el interior del ser humano?
Si se traspasa la piel, se llega a las estructuras muscular y ósea, así como a los vitales órganos del cerebro, corazón, pulmón, estómago o al aparato circulatorio de venas y arterias y a los componentes del sistema nervioso y linfático.
¿Eso es lo que contiene el cuerpo?
Científicamente sí, pero. . . aparte, ¿no será que además de la materia celular y molecular que lo integran, hay, en la mente humana, un mundo no tangible, etéreo, de imaginarios deleitosos floridos parajes bañados (por ejemplo) por tibios rayos solares en donde la revitalizadora brisa y la reconfortante apacibilidad, proporcionan a la atribulada alma, laxitud a las tensiones que le ocasiona la vida cotidiana y sus propios destructivos estados psíquicos?
El humano supone que escapa de las angustias y sufrimientos de su diario existir, si se imagina recibir fugaces placenteras sensaciones que le distraen y le brindan paz emocional.
Sin embargo -por su transitoriedad- esas situaciones no le proporcionan la total plenitud y sí ocasionan que su estado de ánimo se alterne entre la euforia y el desaliento. Aún así, se conforma con esos ilusorios instantes y no aspira realizar un viaje introspectivo que lo lleve a las reales sublimes recónditas zonas de su ser, porque teme transitar por senderos que en su etapa inicial pudieran ser brumosos e inciertos caminos en los que no se vislumbre el final, pero que en la realidad lo conducirán a desconocidas grandezas. Y en lugar de lanzarse a tal aventura, se cuestiona insistentemente: -¿a dónde conducen esas indescifrables vías? ¿Para qué traspasar tan misteriosos senderos si tengo una forma inmediata de dar tregua a mis inquietudes? ¿Qué podré hallar allá. . .?
Lo que el ser humano ignora es que después de los cercanos deleitables espacios a donde regularmente gusta acceder el espíritu cuando se siente agobiado, en un lapso breve de recorrido mental adicional, podrá llegar a un bosque, cuya feraz vegetación da sombra y protección a añejos e imponderables valores de sublime naturaleza, los cuales proporcionarán excelsitud a quien ahí llegue y se impregne de ellos.
Según Séneca, el famoso filósofo moralista romano, los bosques están "poblados de viejos y gigantescos árboles, cuyas entrelazadas ramas impiden ver el cielo. La frondosidad y el misterio de esa selva, la impresión que producen sus profundas sombras, ¿acaso no sugieren la idea que allí reside Dios?"
En tanto el hombre no ose espiritualmente adentrarse a lo inexplorado de su “yo interior”, únicamente podrá estar en las cercanas placenteras zonas del soñar; pero para obtener la paz y felicidad perpetua, deberá estar dispuesto a superar su pusilanimidad y con audaz impulso salvar la inexplicable bruma que aparentemente obstaculiza el acceso al misterioso bosque, el que lo espera para hacer de su conocimiento antiquísimos y promisorios arcanos.
Si así lo hiciese, ya nada lo detendrá, porque en ese momento presentirá las grandezas que habrá de alcanzar. Con vehemencia y empeño, penetrará hasta los hondos parajes de su “yo interno” para arribar a la floresta en cuyo centro verá un lago, al cual alimenta un manantial de fresca agua.
Los pocos que han llegado al núcleo del bosque, mencionan haber sentido una transformación que en nada se asemeja a otra de índole intelectual al contemplar aquellos parajes de una belleza que supera a lo imaginado o existente en la Tierra. Ellos recuerdan haberse visto rodeados de indescriptible espesura de fantástica concepción, así como impregnados con el aroma de flores de variado y exótico colorido, las cuales circundaban el mencionado estanque que se abastecía del borbollón, del que brotaban -desde un profundo desconocido origen- cristalinas aguas con la propiedad de proporcionar a l que las bebiese el conocimiento y posesión de las virtudes supremas del ser humano.
Reza el mandato supremo:
“Quien libe las aguas del Bosque de las Virtudes, adquirirá la fuerza que dio origen y dinámica al Universo; además -ese ser- ya no será sólo la amalgama de materia y energía, pues alcanzará eximia espiritualidad, con un status superior a cualquier otra de índole social o política. Esa persona, además de intempestiva y temperamental, será prudente, con juicio y cordura para realizar todas sus acciones, las que además se caracterizarán por su energía y firmeza. Igualmente, quien haya logrado que su espíritu bebiese las virtuosas aguas, tendrá un alto sentido de la justicia con capacidad para moderar y controlar su apetito de poder y de riqueza, porque antepondrá el interés de sus semejantes al propio. Habrá en él fe en sí mismo y en los demás y la firme esperanza de que la humanidad en el futuro será mejor. Tal proceso de sabiduría le hará irradiar contagiante felicidad y confianza.
Inexplicablemente, en el transcurso del Siglo XX, pocos hombres permitieron que su alma “impenetrara” a ese bosque para deleitarse con la contemplación de su feracidad; con las suaves caricias del viento y con los olores del follaje, así como para llenarse de sabiduría espiritual con las mágicas aguas del socavón, y disfrutar las virtudes, que ahí permanecen disponibles para su auge hasta llegar a la cumbre.
¡Desafortunado desperdicio, porque cuánto necesita el mundo actual de esos iluminados!
La noche del 4 de diciembre de 1939, la intensa luz lunar de plenilunio plateaba las copas de los árboles del bosque de las virtudes. El lago simulaba. . .“al mismo tiempo señal de infinito y claro reflejo ¡un todo de mundos que se va para adentro! (dentro de sí mismo y dentro del espejo) Hasta el fondo las luces del cielo, el retrato acuoso enseña al espacio su infinito cuerpo. . .” (*)
El ruido y el bullicio de los ramajes irrumpieron el silencio de aquel deleitoso lugar. De entre la enramada surgió una figura espiritual. Era una infantil alma de tenue transparencia, de menudo tamaño y aparente frágil imagen la que, con lentitud pero decidida postura, caminó sobre el húmedo musgo. Con nerviosismo anhelantemente escudriñaba a su alrededor. Después de unos instantes, la cantarina fuente que brotaba entre lotos y helechos y que abastecía de agua al estanque atrajo su atención. Al verla, aquella sutil silueta sin vacilar se dirigió al venero, el que en ese instante se agitó con más violencia, pero en vez del acostumbrado ruido del borbolleo, se escuchó la VOZ: “Dios en fusión con el cielo. . .”(*) y existente en el interior del hombre:
-´¨Se quien eres y aguardaba por ti. Te conozco desde que fuiste concebido y cuando en el vientre, tu madre te contagiaba de su sensibilidad y temperamento artístico. Bienvenido seas... dijo LA VOZ.
El niño sintió la caricia “del viento impalpable. . . y (le estimuló) la risa del agua que jugaba con la luna”(*). En seguida comentó a la fuente de agua y a la VOZ:
-No soporto que la energía vital se me acumule y aprisionada no emerja para manifestar mis más abismales emociones, por lo que temo que explote con violencia volcánica como la magna que escapa del incandescente núcleo terráqueo hasta su erupción. Me siento “espiga extraña, cuya respiración abre un milímetro de vida en el desierto de trigales apagados”. También, percibo que “el tiempo se encharca, se cansan los pasos, se parten las células, se sueña demasiado. . .”(*) y por lo tanto vengo a beber el agua balsámica del virtuoso bosque para excarcelarme de tan atormentada situación emocional.
Mientras “las estrellas se asomaban por las hojas de los viejos árboles para mirar” (*) al frágil espíritu, la VOZ proveniente del cristalino socavón una vez más se oyó:
-¿Qué esperas recibir con tal prodigio?
-A mí y a los de mi especie -respondió la pequeña ánima- “nos ahoga la soberbia soledad (que padecemos) en el Universo, en el satélite y en el sistema solar”.(*) Deseo dignificar la gris mansión corpórea que me hospeda para hacerla merecedora de “¡Este afán de vivir! ¡Esta brega en el fuego!”(*). Anhelo poseer “un trozo de vida”, para que en esa fracción infinitesimal de tiempo, convenza con mis palabras a mis congéneres a amarse intensamente, a que sean felices con sólo percibir el frío matinal o los cálidos rayos solares vespertinos sobre la superficie epidérmica de su cuerpo desnudo y que sin inhibiciones dejen que el aire expanda por el espacio sus risas y que al llorar, sus lágrimas rieguen -como rocío- rosas rojas y rosas blancas.
-¡Anda bebe –exhortó la VOZ- sacia tu sed e imprégnate con la sabiduría eterna, para que cada día de tu existencia sea un “trozo de vida” durante los cuales de tu boca -como manantial de elocuencia- brotarán palabras con belleza florida y con armonía musical. Tu verbo será flor y canto y en tus trozos de vida -que por cierto serán muchos y grandiosos- dejarás huellas poéticas que te darán la inmortalidad. ¡Refréscate con el sagrado líquido
El alma infantil bebió con avidez el agua del manantial y por ello adquirió clara trasparencia; también su fragilidad anterior se transformó en robustez y de su boca brotaron flores y cantos que se esparcieron en el espacio. Más tarde, el iluminado infante cómodamente se posó sobre la blanda hojarasca del bosque y poco a poco su adormilado sereno respirar fue opacado por el estridente y monótono ruido de las cigarras y el silbido del viento que cruzaba los espesos ramajes de la elevada arboleda.
–Finalmente dijo la VOZ: -Duerme “Immanu-el, Dios está en ti y en nosotros”. Duerme, que mañana, tus palabras tendrán alas de águila y la altivez de la torre, para elevarse hasta las alturas de la sublimidad.
Al siguiente día, al escuchar el poema compuesto por el pequeño Manuel, su padre se turbó de tan eminente virtuosismo e inspiración; en tanto su madre -sin manifestar sorpresa- se recreó con la precocidad de su vástago, quien así declamaba:

En un jardín encantado
donde moraban las hadas,
donde formaban sus nidos
las cantadoras calandrias,
donde el césped era de oro,
donde la luz pedrería,
donde el murmullo del agua
reía, reía, reía...
había rosas azules,
sus pétalos como el cielo,
sus pistilos oro y plata,
su fino talle pequeño;
había azucenas hermosas
de verdadero color,
gardenias color de rosa
frescos naranjos en flor;
blancas violetas,
sí blancas,
blancas como una ilusión,
finamente perfumadas,
perfume del corazón;
de lustroso raso negro
los enlutados claveles,
de encaje la nubecilla,
de las lilas, ricas mieles,
de las finas telarañas
que colgaban de las hojas,
se columpiaban alegres,
alegres y juguetonas,
hasta caer en el cáliz
de las azuladas rosas,
unas perlas cristalinas
o de rocío las gotas.

En una límpida fuente
donde nacía el arroyuelo
mil ninfitas prodigiosas
se lavaban el cabello.

Dejé este panorama
tan encantador,
tan bello,
para encontrarme
en mi cama,
viendo que todo era un sueño.(*)

(*) Textos y referencias de poemas de Manuel Aguilar de la Torre. (1926 -2003)
“La calle de los peatones tristes”(1957), “La Voz” (1952), “Paralelo mínimo” (1951)
“Sueño de un jardín encantado” (1933)

La cristalina montaña dorada.

(Inspirado en la preocupación del poeta Aguilar de la Torre, que las hormigas invadieran su cocina. Noviembre de 2001)
Por Jesús Pérez Uruñuela.

EN LA NOCHE, en el frasco de cristal lleno miel quedó colocado en el centro de un plato sopero lleno de agua para aislarlo de las pequeñas hormigas que durante el día lo asecharon atraídas con su dorado contenido.
En esa ocasión aquellos minúsculos animalitos se vieron separados del delicioso y apetecible manjar por un espacio de agua, el que debió parecerles un inmenso lago. Sin embargo, el obstáculo no arredró al numeroso escuadrón de insectos que subían por el exterior del blanco plato y en poco tiempo la porcelana se matizó del gris oscuro de los animalitos. Algunas hormigas observaban la inmensidad acuosa; otras, nerviosas tocaban con sus frentes la cabeza de sus compañeros y movían sus potentes y salientes mandíbulas. Luego, sobrevino un agitado hormigueo. Como motivadas por un silencioso mandamiento, los diminutos seres se arrojaron al agua hasta cubrirla y formar un negruzco tapete por el cual varios de ellos -sin dificultad- caminaron rumbo a la botella con miel, la que se erguía como una elevada montaña cristalina de dorado fondo. Escalaron y llegaron a la cumbre (tapón circular metálico) en donde ambularon por unos instantes con actitud indagadora. Al comprobar la imposibilidad de acceder a la miel, con violencia hicieron girar sus antenas para informarlo al contingente que expectante permanecía en la placa de formaica de la mesa sobre la cual estaba colocado el plato.
En las siguientes noches a aquella, cuando por primera vez las hormigas pretendieron apoderarse de la miel que contenía la botella de cristal rodeada de agua del poeta Aguilar de la Torre, volvieron a observarse a cientos de esas pequeñitas inertes sobre el apacible líquido.
¡Persistía entre los insectos el anhelo de recuperar para su colonia la miel a la cual tenían derecho!
Se dice que las hormigas irrumpen el área habitacional del ser humano, pero. . . ¿no será que es el hombre quien ha invadido el territorio vital de los insectos? Porque esas criaturas están sobre la superficie de la Tierra desde la era terciaria (70 millones de años) mientras que el homo sapiens apareció durante la glaciación alpina Würm acaecida hace sólo 50 mil años.
La antropología moderna no establece una línea directa de ascendencia entre el hombre y los insectos; no obstante, las sustanciales diferencias biológicas existentes, hay entre ambos, cercanas y dramáticas coincidencias en sus comportamientos y actitudes.
¿Por qué las hormigas que cruzaron el agua del plato tuvieron que hacerlo sobre cientos o miles de congéneres para ascender tras la miel? ¿Acaso ese procedimiento no se asemeja al utilizado por el político para alcanzar el poder? ¿Y existe alguna diferencia de la forma de actuar de los referidos bichos con las guerras y masacres humanas a que recurren los reducidos grandes grupos financieros para apoderarse de los mercados y de las fuentes energéticas como el petróleo, por mencionar dos casos.
Otras características de las hormigas dignas de reflexión:
Son seres eminentemente sociales, agrupados en colonias llamadas hormigueros, los cuales, en ocasiones llegan a contener más de 500 mil individuos, los que están gobernados por una especie de sistema matriarcal, en el cual la reina madre (con poder absoluto) es el centro y punto medular de la dinámica comunitaria. Un verdadero séquito de obreras (hormigas cortesanas) tiene la responsabilidad de los mimos, atención y protección de la soberana, así como de sus huevos, larvas y críos.
Cuando la colonia crece desmedidamente y se forman otras aledañas (conurbadas en el subsuelo) la “excelentísima monarca” ensancha sus dominios.
En ese “estado político-biológico”, la población está organizada en una definida división del trabajo que incluye obreras con actividades domésticas dentro del hoyo hormiguero, o bien con funciones de vigilancia en la entrada de los túneles de acceso a él y de protección personal de la reina. Otras realizan los trabajos de aseo, preparación de alimentos, etcétera. Entre este grupo de “intendencia”, están las nodrizas: auxiliares en el cuidado de los “procreados por la señora”.
En la sociedad insectil existe un grupo encargado de las “pompas fúnebres”; o sean enterradoras con la delicada misión de conducir los cadáveres de sus propias compañeras a un lugar exterior específico alejado del hoyo. Hay también agricultoras que cultivan hongos con las hojas que colectan en el campo abierto y pulgueras (no vaqueras) que crían y cuidan pulgones, a los cuales golpean suavemente con sus antenas para que segreguen un líquido dulzón por los pequeños cuernos que tienen en el dorso. Para alimentar ese “singular ganado”, llevan a los “establos” en donde los tienen a buen resguardo, el forraje de su predilección; o bien, con frecuencia es “arriado” al exterior a “pastar” en lugares con abundantes ramas de jugosa sabia.
Y qué decir de las heroicas y leales “hormigantes fuerzas armadas”, integradas por soldadas especializadas en la forma de aplastar entre sus mandíbulas la cabeza de su contendiente, así como en bombardear por el extremo trasero de su vientre el mortal ácido fórmico al enemigo. Cuando “las armas se cubren de gloria”, las hormigas vencedoras, se dedican al saqueo de hongos y pulgones. Asimismo, cargan con los huevos blancos, redondos y alargados encontrados en el hoyo vencido, para llevarlos a su hormiguero, en donde habrán de ser cuidados hasta que salgan las blancas y ápodas larvas que días después habrán de encerrarse en un capullo antes de surgir como hormigas y tener por destino servir de esclavos o esclavas de su majestad la reina madre.
¡Sorprendentes similitudes entre las antiquísimas formas de vida de las hormigas y las demostradas por la humanidad en sólo 50 mil años!
Sin embargo, ¿qué diferencia al hombre de ese tipo de insectos? 0bviamaente la formación y estructura corpórea y orgánica; pero sobre todo los mecanismos que regulan el comportamiento en ambos seres.
La existencia y accionar del menudo invertebrado referido, están regidas por la propensión innata a conservar la subsistencia y perpetuidad de su especie, sin que exista el conocimiento previo de ese propósito. Poco ha variado ese sistema instintivo a través del tiempo. En cambio en el hombre, el poseer un cerebro altamente evolucionado respecto a las otras formas de vida, le ha permitido ejercer la supremacía sobre ellas e inclusive sobre sus semejantes. Sus acciones son razonadas y con el conocimiento a priori de su causa y efecto.
Pero la preponderancia humana ha tenido consecuencias desastrosas para la Tierra.
A partir de la tan nombrada “Revolución Industrial”, el mundo empezó a padecer la amenazante descarga tóxica de productos químicos en ríos, mares y en parajes de abundante vida silvestre. Luego las manchas urbanas invadieron las áreas verdes (pulmones naturales) y eso aunado al fenómeno demográfico de la sobrepoblación y al consecuente “progreso” por el tenaz ascenso de los niveles tecnológicos y científicos, la devastadora contaminación ambiental adquirió proporciones mundiales con daños hasta en la capa atmosférica de ozono. Consecuencias: destrucción paulatina de la flora, exterminación de millares de especies animales, desaparición de zonas dedicadas a la producción alimenticia e inclusive aparición en el ser humano de novedosas, agresivas y mortíferas enfermedades.
Y de esa manera, interpretaron el macho y la hembra de la creación el mandamiento bíblico: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla!. (Gen 1,28)
Por la irresponsable actitud humana, se alteró el medio ambiente, y eso ocasionó que las plantas y flores de los jardines, carecieran de azucarados jugos. Y también por la misma razón han dejado de existir por doquier panales adheridos a frondosos árboles, en donde las abejas elaboren la miel con los más puros néctares silvestres. ¿Será por esas razones, que las pequeñas hormigas con sigilo intentan apropiarse de la miel que es guardada en herméticos cerrados frascos de cristal?
Las personas que consideran furtivos e indeseables visitantes a los insectos que entran a su cocina, ignoran que esos pequeños animalitos están facultados para hacerlo, porque en aquel lugar -antes que hubiera cemento y pavimento- existía una floresta con generosa vegetación que constituía el entorno vital que ellos compartían con otras especies animales.
Al transformarse las condiciones ambientales del planeta y con ello alterarse los ciclos biológicos, también el hombre se encamina a una condena de autodestrucción, debido a que atenta contra sus estructuras productivas de comida, por lo que los cereales, cárnicos y otros de origen natural cada vez serán más escasos y los que estén disponibles los acapararán entidades empresariales con estricto interés de lucro y especulación, para aglutinarlos en enormes estibas, silos y frigoríficos.
Las empresas monopolísticas especializadas guardarán con celo y avaricia los productos alimenticios en su poder y en ese momento, con nostalgia el hombre, recordará que tiempo atrás abundaban en toda la faz de la Tierra los frutos espontáneos de la naturaleza.
De seguir la especie humana con su estúpido y egoísta intento de destrucción y aniquilación, el futuro de la humanidad será poco promisorio, dado que la obtención de alimentos implicará un alto costo y elevado grado de dificultad, sin que se descarte la posibilidad de que (como en otros momentos históricos) existieren innumerables muertes por hambruna y otro tanto por guerras para obtener los nutrientes básicos que requiere su subsistencia. Y cuando sea ese fatal día, posiblemente el ser humano en sus afanes por sobrevivir sólo conseguirá los mismos resultados obtenidos por aquellas hormigas que llegaron una noche al envase de cristal que había sido colocado en el centro de un hondo plato sopero lleno de agua; el cual, por contener miel, se asemejaba a una cristalina montaña dorada en medio de un inmensurable lago.

El planeta de las hormigas

Por Jesús Pérez Uruñuela
LA INMENSA Y AERODINÁMICA NAVE se desplazaba a una velocidad supersónica. Llevaba a bordo investigadores y estudiosos de diversos aspectos del cosmos. Algunos de ellos conversaban, mientras otros, sentados revisaban con interés los materiales informativos que previamente les habían entregado respecto al viaje que se hacía.
Se suspendió la música ambiental y una dulce voz anunció:
-¡Atención! ¡Atención! En unos instantes más, llegaremos a nuestro próximo destino. Les suplicamos ocupar sus asientos.
La intensidad de las luces del interior de la nave paulatinamente disminuyó hasta quedar en penumbra. Al frente del área de pasajeros apareció una monumental pantalla y se abrió un ventanal por el cual se observó la negra profundidad del espacio sideral y se iniciaron las explicaciones:
-Para su información, atravesamos una galaxia compuesta por 100 mil millones de estrellas, distribuidas en una nube en forma de disco aplanado de 99 mil años luz de diámetro y de 500 años luz de espesor. Después de haber recorrido 30 mil años luz, dejamos atrás el centro luminoso de esta galaxia y nos acercamos a nuestro objetivo, que es uno de los cuerpos celestes integrantes de un pequeño CONJUNTO PLANETARIO.
-En breves momentos tendrán a la vista un interesantísimo planeta, el cual igual que los demás del CONJUNTO, rota alrededor de una de los 100 mil millones de estrellas que integran la galaxia en que estamos. Además, gira sobre su propio eje y es distinto de los otros del CONJUNTO, porque posee atmósfera y condiciones climatológicas que favorecen la existencia de varias formas de vida, entre las cuales, las hormigas son los seres más inteligentes y desarrollados.
Por la ventana, se contempló un cuerpo de forma esférica y elipsoide (achatado), de pequeñas dimensiones de color azul. La nave redujo la velocidad y comenzó a circundarlo. A medida que se le aproximaba, los detalles orográficos e hidrográficos se hicieron más claros y precisos.
-A partir de este momento, el telescopio funciona y las imágenes captadas serán proyectadas en la pantalla. –Se escuchó nuevamente y continuó la narración descriptiva:
-En primer término, de este planeta azul, es enfocada el AREA-01. Predominan valles, mesetas y vastas planicies, en donde varios tipos de hormigas blancas han establecido colonias, cada una de ellas, gobernadas por una reina. Como característica social, las hormigas, sin importar a donde pertenezcan, se movilizan con libertad a través de los diversos territorios del AREA. Hay armonía y paz entre las colonias y cordiales relaciones entre los habitantes de cada una de ellas.
Sin embargo, a la derecha, otras colonias también pertenecientes al AREA-01, mantienen una permanente, encarnizada y devastadora lucha. Específicamente ahí, las reinas han perdido la autoridad, porque un grupo de hormigas macho tomó el poder para establecer su preponderancia y control sobre los hormigueros existentes en esa zona. Nada las hace recapacitar para que impere la armonía regional. No atienden las recomendaciones conciliatorias de las hormigas vecinas, e inclusive, desdeñan la presencia de la Fuerzas de Paz de la “OCU” (Organización de Colonias Unidas)
Más a la derecha del AREA-01, había pequeñas colonias dependientes (satélites) de otra de mayor tamaño. Estaban habitadas por hormigas de color rojo, que caminaban con sigilo y con miedo. Al percibir la presencia de la enorme nave, presurosas se introdujeron en sus agujeros y en poco tiempo la superficie quedó desierta. También se observó la movilización de grupos bien organizados de hormigas soldados que miraban al cielo con manifiesta actitud defensiva. Poca información se tiene de esa parte del AREA-01. No obstante, se sabe que la reina de la colonia principal y las de sus satélites, sólo tienen funciones reproductoras. Las actividades gubernamentales son prerrogativa del “Hormisoviet Supremo”
Los científicos tomaban nota de los comportamientos tan disímiles de los habitantes de una misma región.
El telescopio se dirigió hacia abajo del AREA-01 para enfocar el AREA-02.
El mar mediaba entre ellas.
El AREA-02, con cuencas, mesetas, un inmenso desierto desiertos y zonas boscosas que se prolongaban hacia abajo del planeta, estaba dividido en bien delimitados territorios pertenecientes a distintas colonias de hormigas de color negro.
La meliflua voz continuó con la explicación:
-Aquí, cada territorio está estrictamente vigilado y controlado por hormigas soldados, (diferentes del resto, por su corpulencia y cabeza más grande que el cuerpo). Esos elementos del “orden y de la integridad colonial”, guardan sus fronteras celosamente de intrusos de otras colonias y protegen a la numerosa y muy pobre población, contra los ataques de sectas de salvajes y fanáticas hormigas que se ocultan en la floresta.
En esa AREA, las reinas tampoco representan la autoridad suprema, porque los comandantes de las hormigas soldados, desde hace tiempo, con asonadas y golpes de estado, se han alternado en el gobierno.
La nave siguió su curso alrededor del pequeño “Planeta”.
En la pantalla apreció la extensa AREA-03, con colonias densamente pobladas con hormigas de color amarillo. Alrededor de cada hormiguero, las obreras y campesinas, trabajaban en coordinación y sin descanso; inclusive, intercambiaban con las hormigas vecinas sus productos.
Orden, disciplina, alta productividad en el trabajo, respeto y organización, se observaba en el AREA-03. Esas hormigas eran dignas representantes de su especie.
A medida que la nave se trasladaba hacia la derecha del planeta, apareció en la pantalla la imagen de una inmensa superficie cubierta de agua. Durante el tiempo en que se llegaba al otro extremo de aquel océano, los pasajeros apuntaban en los teclados computarizados -que tenían frente a ellos- abundante información y con el “scaner” copiaban las imágenes y gráficas que observaban.
Esta vez, la voz ambiental expuso una explicación complementaria del recorrido realizado hasta ese momento:
-Con relación a lo que ustedes han escuchado y visto, será natural que estén sorprendidos por las grandes semejanzas que tiene el planeta que estamos viendo con el que nosotros habitamos y desde donde hemos recorrido hasta aquí, millones de años luz. En ambos casos, las atmósferas son similares en su composición. También son semejantes en la proporción existente entre la superficie cubierta por el agua y la del suelo firme. La flora y la fauna, están en el mismo caso. Asimismo, parecerá en muchos aspectos inexplicables las similitudes del comportamiento social e individual de las hormigas con el de algunas de nuestras comunidades evolucionadas.
-Tengamos en cuenta que las galaxias son el elemento fundamental del Universo. Cada una de ellas están integradas por miles de millones de estrellas y no permanecen aisladas en el cosmos, sino aglomeradas en decenas de miles.
-Dada la existencia de una cantidad inconmensurable de galaxias y de estrellas, las características de un planeta pueden repetirse o triplicarse y así presentarse un caso de lo que llamamos Sistemas Planetarios Paralelos (SPP). La existencia de un cuerpo celestes como el que vemos a través del ventanal y del planeta de nuestra procedencia, es un ejemplo del paralelismo cósmico a que hacemos referencia. Por eso, recomendamos a ustedes no turbarse por las coincidencias o similitudes que han observado y por otras que más adelante habrán de apreciar.
La nave avanzó hasta que en la pantalla aparecieron las dos últimas dos ÁREAS a observar.
En el AREA-04, había una colonia habitada por hormigas de color café cobrizo; todas ellas con singular comportamiento:
La mayor parte de sus habitantes se amontonaban a la entrada y salida del gran hormiguero. Eso, con el principal propósito de estar cerca de la omnipotente reina que los gobernaba. Unas hormigas trabajaban, mientras otras disfrutaban del ocio y de “constantes alegres celebraciones”. Por no ser productivo, el segundo grupo, pertenecía a los “marginados de extrema pobreza” a quienes “mamá gobierno” debía “coadyuvar para su manutención”.
Otra frecuente situación observada en el AREA-04, consistía en que dos grupos de hormigas –sin aparente motivo- iniciaban una disputa. Luego, las perdedoras, molestas y enojadas procedían a excavar un hoyo hormiguero para ahí, ellas constituir una colonia separatista.
También era notorio que jóvenes café cobrizos se aglutinaran en la línea divisoria que separaba su colonia con la del AREA-05, caracterizada ésta última, por su riqueza y prosperidad. En la frontera, los jóvenes permanecían atentos y prestos a burlar la vigilancia migratoria.
Una vez adentro del AREA-05, las jóvenes hormigas café, en contra de lo que acostumbraban hacer en su colonia natal, caminaban con civilidad y orden, obedientes de los reglamentos y de la ley y solícitas para participar en las actividades productivas.
Interesó sobremanera el tan especial comportamiento de las hormigas del AREA-04 a los entomólogos e himenopterólogos (estudiosos de los insectos y de las hormigas cósmicas), por lo que comentaron que habrían de regresar a estudiar con más detalle esa parte del planeta.
Mientras en la monumental pantalla se veía otro océano. Había concluido la visión alrededor del planeta.
El ventanal se cerró y al encenderse las luces del interior de la nave terminó la proyección de imágenes. Por el sonido local, los intrigados pasajeros escucharon las conclusiones finales del recorrido:
-Hace tiempo, el singular planeta que acabamos de observar, estuvo habitado por hombres y mujeres con alto nivel científico y tecnológico. Ellos realizaron avanzados experimentos biológicos y genéticos con insectos, consistentes en transmitirles algunas características humanas para convertirlos en eficientes y sumisos trabajadores (no como los sindicalizados) y en incorruptibles vigilantes del orden público (adversos a coludirse con la delincuencia). Los únicos que respondieron positivamente a las pruebas de laboratorio, fueron las hormigas.
Pasado el tiempo, esos nuevos fabulosos animales articulados por seis patas, por ser los únicos seres del planeta honestos y trabajadores, se rebelaron y exterminaron la raza humana, así como todo lo creado por ella. Se especula que cuando devoraron los cuerpos muertos de los hombres y de las mujeres, asimilaron en sus organismos las características genéticas del comportamiento de los habitantes de cada una de las AREAS del planeta.
Concluyó la explicación.
La nave se alejaba cuando se escuchó un último mensaje:
-¡Atención...! Suplicamos prepararse para un prolongado letargo de hibernación, porque habremos de trasladarnos a otro planeta en donde verán… ¡Situaciones verdaderamente espectaculares y sorprendentes! Viajaremos hasta el planeta del Sistema Solar número Uno, anteriormente llamado Tierra de donde un día, salieron en enormes naves los humanos a colonizar el “Planeta de las Hormigas” que vamos dejando atrás, con las características observadas.
-La Tierra, a donde habremos de dirigirnos, pertenece a la galaxia por donde navegamos. Es de reciente creación: poco más de 4500 millones de años terrícolas (una fracción infinitesimal de nuestros años luz). Se desconoce que sucedió después que sus naves salieron al espacio, cuando realizaban avanzados experimentos en la clonación de sus diversas formas de vida, los cuales la convirtieron en… “El Planeta de los arácnidos y bichos rastreros y voladores. . .”

¡Nunca otro Acteal!


(Ignominiosos sucesos chiapanecos del 22 de diciembre de 1997)
Por Jesús Pérez Uruñuela

Los españoles que llegaron a lo que sería (y fue) la Nueva España, destruyeron las estructuras sociales, económicas, culturales, religiosas y espirituales de los pobladores de las tierras recién descubiertas, y con eso, los convirtieron en “indios”: entes serviles sin autoestima, inclusive “desprovistos de almas”. La esclavitud simulada en “encomiendas” de la población nativa, fue perpetuada por los “peninsulares” hasta principios del siglo XIX, cuando los criollos y mestizos tomaron el poder del país. En los doscientos años siguientes, el sistema de gobierno mexicano alternó la República con el imperio y finalmente la primera se estableció en definitiva para transitar entre convulsionados tiempos, hasta llegar al final del siglo XX. No obstante la aparente democracia que se vivía y el inconmensurable avance de la ciencia y de la tecnología, la cúpula en el poder, quiso que el indígena siguiera en la ignominiosa e inhumana forma de vida de servilismo, de sumisión, de discriminación, de marginación, de miseria y de explotación.
Pero entonces, ¿qué opinó al respecto Yoxep José, el vapuleado “indito”? ¿Y cómo habría de responder?
OOO
En el pueblo ubicado en la zona serrana del Estado de Chiapas, en la cabecera municipal de San Pedro Chenalhó, el día parecía transcurrir con la normalidad de cualquier otro: los indígenas de la localidad y de la alta montaña se habían congregado en la plaza municipal, alrededor de la cual estaban la iglesia de San Pedro, santo patrono, las casas ladinas (de blancos y mestizos que hablan castellano), el cobertizo del mercado, así como el edificio del cabildo (sede del gobierno local) el cual sobresalía por su estilo colonial rectangular, con pórtico de arco y por ocupar todo un costado de la referida placita.
Allí se habían reunido amigos y parientes en cerradas charlas sobre las anécdotas experimentadas durante la semana anterior y en el relato de los rumores relacionados con otras comunidades.
Esa mañana nada tenía de extraordinario; lo que acaecía parecía ser lo acostumbrado, lo común. Sin embargo, al mismo tiempo, en una zona no muy lejana, otro tipo de reunión ocurría:
Cerca de cien personas ataviadas con uniformes de color oscuro eran transportadas en vehículos oficiales hasta las laderas de la montaña. La mayoría de ellos portaban machetes, rifles automáticos y pistolas modelo escuadra calibre 22-largo. Al llegar hasta el paraje que los caminos de brecha lo permitieron, el convoy se detuvo y el contingente armado puso pie en tierra para sin dilación iniciar la caminata de ascenso.
No lejos de ellos, como a doscientos metros, observaban el “operativo” el jefe asesor de Seguridad Pública Estatal y dos comandantes policíacos, acompañados de un número importante de personas subordinadas.
En tanto que el poblado de San Pedro se animaba con los okexmon (músicos con tambores, trompetas y flautas) las ants (mujeres indias) atendían a sus pequeños hijo. Estaban ellas ataviadas con huipiles ribeteados en sus bordes por motivos de gran colorido y belleza. Una ancha faja color rojo rodeaba la cintura y sostenía la falda que caía arriba de los tobillos. Gran pulcritud y arreglo del cabello mostraban las indígenas, de quienes emanaba un penetrante olor a ixpum (jabón elaborado con una raíz). Dos largas trenzas colgaban a sus espaldas y con agilidad felina, descalzas se deslizaban entre la muchedumbre.
Los Winik (hombres) también descalzos, permanecían reunidos en pequeños grupos. Con notoria uniformidad vestían blancas camisas cuyas mangas llegaban hasta la punta de los dedos. El talle estaba apretado por un ceñidor de tela azul oscuro. En el cuello llevaban un pañuelo cuadrado de algodón doblado hacia atrás. Abajo, lucían blancos calzones cortos y en la cabeza un sombrero de paja de ala ancha y plana. La base de la corona del sombrero se adornaba con cintas negras y de ella colgaban listones multicolores. Algunos de los indios se cubrían con un chamarro gris (prenda de gruesa lana).
En el centro del conglomerado tzotzil, estaba Juan Jol Sbi, hombre humilde, de gran corazón y persona con pasado por haber desempeñado importantes puestos políticos y religiosos. Debido a eso, era considerado bankilal (anciano con el mayor nivel de dignidad). Su indumentaria era diferente, daba su alta posición en la comunidad. En lugar de llevar el pañuelo rojo atado al cuello, le cubría la cabeza en forma de turbante. Además, calzaba sandalias (xinob) de talón alto y gruesa suela sostenida por una cuerda que pasaba entre los dedos gordo y siguiente para luego atarse al tobillo. En un momento se dirigió al indio Yoxep José, quien callado y tímido –como acostumbraba estar- sólo observaba:
-Veo que María Isabel tu esposa no vino, pero si te acompaña mi ahijado Pablito (entonces de diez años de edad). Además, otras personas de tu pueblo tampoco están presentes. ¿Qué sucedió?
-Sepa su mercé –explicó José- que mi Chavelita tuvo que quedarse con dos de sus hermanas que están por parir sus chilpayates... Otros buenos compañeros tuvieron que encargarse de los rezos y responsos a la virgencita.
¿Eso es todo Yoxep? –Insistió el anciano y luego comentó: -La violencia gubernamental contra nosotros ha aumentado de unos días pa’cá y has de estar enterado de los decires que circulan por aí: “terribles desgracias se avecinan...” Además, durante las últimas noches he escuchado al pájaro xk’akel con dolientes cantos de mal agüero...
-¡Si...! –ratificó Yoxep- Y con mucha razón debemos preocuparnos porque anda de boca en boca que los paramilitares llegan a los jacales de la montaña para preguntar con violencia y voz fuerte: “¿Dónde están esos cabecillas del EZL ‘hijos de su...? ¡Dinos en dónde para ir a acabar con la maldita semilla rebelde!” Y a veces nos asustan con: -“¡Si nos enteramos que andas con ellos, verás cómo te va a ti y a tu familia...!”
Luego, el mismo José comentó: -No lo crea usté, pero me amuino rete mucho cuando oigo a winlilaltik (la gente pedrana) contar esas amenazas.
-Efectivamente eso se rumora y ojalá sólo sea eso: un rumor –dijo el viejo Juan Jol Sbi con expresión desasosegada.
Casi al mediodía, de improviso, la gente que momentos antes llenaba la plaza municipal comenzó inexplicablemente a retirarse y la música calló. Después de un sepulcral silencio, a lo lejos en lo alto de la montaña se escucharon varias detonaciones de armas livianas.
Arriba de la sierra, en Acteal (uno de los conglomerados indígenas serranos) había poco más de sesenta personas que participaban en una ceremonia religiosa en honor de la vigencita. Entre ellas estaban la esposa de Yoxep José, sus hermanas, hermanos y padres, así como otros amigos integrantes de la misma comunidad.
Oraban alrededor de la ermita, cuando después de escuchar los disparos vieron llegar con precipitación a un tzotzil que advertía a gritos:
-¡Ahí vienen los guardias blancas...! ¡Matan cuanto cristiano se les pone enfrente...! ¡Huyan... vayámonos a esconder al monte!
De inmediato la confusión se apoderó del sorprendido grupo: comentaban entre ellos –“¿Qué hacer?”
Cerca de quince personas huyeron despavoridas para perderse entre la maleza. Y entre el barullo de quienes permanecieron en el lugar, se escuchó la voz de María Isabel:
-¡No corran, quedémonos aquí que nada puede pasarnos, porque no hemos hecho nada malo...!
-¡Sí! –Opinó el catequista que dirigía los rezos- ¡No tengamos miedo! ¡Oremos que nuestro Padre Celestial nos protegerá...!
Pero en contra de lo esperado, como fieras hambrientas de sangre, los agresores –que por cierto eran indígenas- llegaron con la consigna a coro:
-¡Exterminio total de estos malditos indios rebeldes!
Y sin dilación dispararon sus mortíferas armas.
Los fusiles automáticos (iguales a los utilizados por el ejército norteamericano en Vietnam) expulsaban sin parar las balas llamadas de punta blanda, las que al hacer impacto en el cuerpo, la ojiva se doblaba y empezaba a girar para producir un efecto similar a la terrible bala expansiva.
Durante cuatro horas se prolongó la masacre sin que llegase auxilio alguno para los indefensos indígenas. Una vez que caían al suelo hombres, mujeres, ancianos, niños, niñas y hasta pequeños de brazos, los asesinos se solazaban con otorgarles el tiro de gracia. Y para completar el dantesco espectáculo, ante el regocijo de los elementos del diabólico comando, uno de ellos blandió un machete para de un tajo abrir el vientre de las dos embarazadas (ya muertas) y como ave de rapiña, con sus garras arrancó con violencia los unin’olol (infantes en el útero) aún con vida, para luego exhibirlos como preciados trofeos.
Abajo en el pueblo, cuatro horas después de escucharse los primeros disparos, salieron del cuartel grupos de policías, quienes se movilizaban por las calles para anunciar a la población un estado de alerta. Para entonces, los asistentes a la plaza municipal se habían retirado rumbo a la montaña.
Cuando el viejo Juan Jol Sbi, Yoxep José y los demás indígenas llegaron a Acteal, en donde habían dejado sus familiares, nadie salió a recibirlos. El lugar estaba desierto con aislados charcos de sangre y varios chuchos (perros) que merodeaban. No había otro ser vivo ni un cuerpo inerte.
Yoxep José corrió hacia el jacal; al abrir la puerta de madera, el fogón seguía encendido, pero nadie contestó a sus llamados. Al escuchar confusas voces en el exterior salió y vio a un individuo que fuera de sí tartamudeaba al explicar que en el fondo de cercana cañada, en una cueva, se veían en grotescos montones los mutilados cuerpos de los masacrados. Así habían intentado de ocultar su crimen los sicarios.
Al siguiente día, cuarenta y cinco ataúdes fueron enterrados en lo alto de la sierra.
De acuerdo al ceremonial tzotzil, José hizo acompañar al cuerpo de María Isabel con una jelo smal (veladora) que representaba su presencia de esposo en el viaje que su cónyuge hacía al winajel (cielo tzotzil).
Las autoridades locales dieron su versión respecto a lo acontecido:
“El incidente se debió a pugnas religiosas” –informaron y así fue propalado por las autoridades federales. Pero nadie creyó esa declaración porque tanto los atacantes como los victimados eran católicos. Además, surgieron –entre otras- las siguientes interrogantes:
¿Por qué en el criminal operativo se utilizaron medios de transporte oficiales? ¿Quién financió las armas y pagó a quienes las dispararon? ¿Por qué el gobierno no adoptó medidas preventivas para evitar tal crimen, si tenía antecedentes de los planes que existían al respecto? ¿Qué razones existieron para que con tanta ligereza se diera una precipitada versión oficial de los funestos acontecimientos
Días después:
Llovía copiosamente cuando en el exterior de la cabaña del viejo Juan Jol Sbi se escuchó la voz de Yoxep José. Estaba acompañado de otros indígenas que se protegían del agua con ligeros impermeables de plástico, debajo de los cuales colgaban sus machetes. Juan invitó a pasar y de inmediato se introdujeron. Adentro era acogedor el calor que emanaba de las brazas del fogón. En las paredes de varas enlodadas, al ritmo del temblequeteo de la llama de un cirio, bailaban las sombras de los morrales, mecapales, instrumentos musicales, así como atados de mazorcas colgados y fijos a las vigas que sostenían el techo de paja. En el fondo de aquel cuarto redondo, en improvisadas camas de madera, sobre petates, dormían apretujados solamente mujeres y niños.
Los recién llegados permanecieron de espaldas a la puerta, salvo José que se adelantó para hablar de cerca al anciano anfitrión:
-No tenemos tiempo –dijo- únicamente hemos venido a despedirnos de su mercé y a decirle que nos largamos a unirnos a los rebeldes de la montaña. Nada de nosotros queda aquí. El caprichoso gobierno robó la kuxlej (vida) de nuestras familias... y vamos a pelear en su contra....
-¡Óyeme, a poco Pablito tu hijo, mi ahijado y esos otros pequeños karem (niños) van con ustedes... -Replicó el anciano.
-¡Mi hijo y los que están con nosotros, son karem que la injusticia y la maldad ha hecho que su alma se llene de bik’it ontonal (odio) hacia otras personas y por eso ahora tienen el fiero corazón del bolom (tigre) y ya rugen como él... ¡Ellos también van a la guerra porque son pedranos de San Pedro Chenalhó que es su kosil (tierra y hogar). Sienten harto orgullo de ser indígenas como nosotros y les duele que les hayan matado a sus madres... por eso... van a...! La firme voz de Yoxep José se resquebrajó y un nudo en la garganta le impidió concluir lo que pretendía externar. No obstante el karem Pablito –quien por cierto cargaba una vieja escopeta- completó la inconclusa frase de su padre:
-Si padrinito, yo también voy –como dice mi a’pá- a echarle plomazos a los paramilitares y soldados... Ya no soy karem, soy ahora un rebelde de la montaña... –Luego con el infantil rostro iluminado por la ilusión en un futuro de imprecisos conceptos de reivindicación, el jovencito agregó: -Vea usté, aquí traigo mi paliacate rojo para taparme la cara cuando ande en la guerra...
El viejo comentó con sincera solemnidad:
-No me sorprende lo que dicen, porque esperaba esta decisión de parte de ustedes... También mis hijos ya van en camino a unirse a los rebeldes... Aquí soy el único hombre que queda, pero lástima que por mi edad y achaques ya no sirva “ni para un caramba”, si no, los acompañaría...
-Nosotros –interrumpió José con recuperada serenidad- en estos rumbos nada podemos hacer, pero allá arriba, con las armas, haremos que cambien las cosas para nuestro pueblo tzotzil... Iremos si es necesario a morirnos, pero con dignidad, en lugar de seguir aquí con la pinche muerte que da el deshonor y la cobardía. A usté compadre, nuestras mujeres de Chenalhó mucho lo necesitan...
José y el grupo de indígenas salieron del jacal con un guaje con atole, una bola de pozol y una botella con aguardiente comiteco y se alejaron con paso acelerado para perderse entre las tinieblas de la noche. Mientras tanto, en el umbral de la puerta, Juan Jol Sbi, el bankilal, el más digno anciano de la comunidad, testigo pasivo de las indignidades cometidas mucho tiempo a su pueblo, los observaba con los ojos enrojecidos por la tristeza, el enojo y la frustración. Y murmuró:
-Que Ojorox Espíritu Santo los ilumine y acompañe...
OOO
Amanecía cuando la lluvia arreció. En el edificio de la comandancia de policía de San Cristóbal de las Casas, una luz permanecía encendida. Adentro, un uniformado con fastidio y desgano operaba el radio transmisor:
-Sí, sí, repito –comunicaba- entierren las armas y esperen a que le echemos tiempo al asunto para que puedan regresar con nosotros... No, no hay problema... hay que dejar que se cansen y se calmen las protestas y luego todo se olvidará como si nada hubiese sucedido...
¿Será que al día de hoy 22 de diciembre del 2001, ya están olvidados aquellos ignominiosos sucesos chiapanecos?

La Tierra y las dos amebas.

Por Jesús Pérez Uruñuela



En los orígenes del mundo, el planeta Tierra suspendió su proceso formativo para afirmar y luego preguntar a dos amibas primogénitas:
-Son ustedes el origen de la vida. Transcurridos los próximos cuatro mil millones de años, ¿qué habrán hecho?
La primera amiba respondió: -Yo, te embelleceré con abundante flora y poblaré con la más diversa fauna para constituir un ciclo vital auto renovador.
Y la Tierra sonrió satisfactoriamente.
Después, la misma amiba agregó:
-De mi materia surgirá la suprema obra de la creación: el hombre, quien hará sentir su señorío sobre las demás formas vitales existentes. Con su inteligencia, ese ser dominará el libre albedrío de los de su misma especie para establecer en toda la extención terráquea un sistema de vida altamente tecnificado asentado sobre concreto y acero. Pasado el tiempo, llevará al espacio sideral su “gloriosa civilización” y allá establecerá su residencia como el amo universal. Al alcanzar ese superior estatus, por considerar elementales las formas de vida que permaneciesen en la Tierra, con ese menospreciativo sentimiento, las destruirá para así convertirse él en la simiente de una generación de superhombres...
Al concluir la prolongada y aterradora exposición de aquel primitivo y microscópico protozoo, la Tierra quedó con un inocultable aspecto de tristeza y pesimismo reflejados en su vaporizada superficie; y escuchó a la segunda amiba, la que con firmeza y sereno tono expresó:
-Dentro de cuatro mil millones de años, yo permaneceré en tus entrañas en mi actual estado de amiba; entonces, tú habrás de indicarme cómo deseas que desarrolle mi capacidad creadora de la vida.
La Tierra sintió que una brisa de esperanza pegaba sobre su aún caliente estructura mineral y con renovado entusiasmo reanudó sus trabajos de distribución de los mares y de los continentes.

El rugido del jaguar Ocelotl-Bolom

¿Retorno de la dignidad? ¡Cuándo?
Por Jesús Pérez Uruñuela


En la alta montaña, en las cañadas y en la selva mexicana, era de noche cuando los negros nubarrones de la tempestuosa tormenta se desvanecieron y apareció un firmamento azul intenso cubierto de millares de refulgentes luceros. En ese instante, como atraídos por un silencioso llamamiento, los pobladores indígenas salieron de sus jacales. Al unísono, todos veían hacia arriba maravillados con tan esplendoroso espectáculo. De improviso, el cielo comenzó a moverse, a agitarse; luego, pareció que se precipitaba como un gran tapete hacia la tierra y a medida que eso sucedía, aquel enorme manto salpicado de estrellas se redujo y paulatinamente adquirió imágenes zoomorfas, hasta que finalmente tocó suelo convertido en un enorme jaguar.
Al desperezarse el musculoso felino, provocó a su alrededor una aura de intensos resplandores rojos, amarillos y anaranjados. La parte superior de su corto y aleonado pelaje estaba plagado de manchas de diversas formas y tamaños. A sus costados, las manchas eran anillos en cuyos centros había otras también de variadas figuras.
Frente a los atónitos nativos, estaba el dios jaguar ocelotl-bolom, el que visto de frente o de perfil simbolizaba la Tierra y su hocico las oscuras cavernas que conducían al tenebroso inframundo. En su maculada piel se observaba el infinito espacio y todos los cuerpos celestes del Universo: él representaba el origen, historia y conciencia de los tiempos inmemoriales.
El majestuoso gatuno caminó sigilosamente; sus garras dejaban profundas huellas en el lodo. La tierra tembló al escuchar su rugir: -Vengo a ustedes con el enfado de haber sido testigo del conformismo y negligencia con que han permitido que el sacro territorio que habitaron sus mayores les sea despojado por innobles seres, sin que de sus corazones haya brotado con furia la dignidad, ira y coraje que de mí, el dios ocelotl-Bolom, les fueron transmitidos al ser creados por las supremas deidades Hunab ku y Ometochtli-Omecíhuatl.
Luego agregó:
-¿Acaso no han descubierto que están ustedes hechos con el fuego y fortaleza que irradia mi sangre? ¿O han olvidado que su cuerpo puede moverse (si se lo propusiesen) con la impetuosidad con que el dios del viento puede desplazar las nubes para que exista lluvia o para que la sequía acabe con todas las formas de vida? Y ustedes "macehuales", culminate hechura de los dioses, ¿por qué permiten que los vean como si fuesen tímidos y lánguidos arroyuelos, cuando se les permitió estar en este planeta con la condición de avasalladores caudalosos ríos?
Finalmente el jaguar se hizo escuchar con manifiesta irritación:
¿Cuánto tiempo más deberán esperar para recuperar el señorío perdido de su raza? ¿Y hasta cuándo habrán ustedes de conformarse con comer xomillih (jumiles), ocuiltin (gusanos) y migajas, si el maíz que abunda en el cuezcomatl (trojes) del "blanco, del mestizo y del ladino", así como el grano que sirvió para hacer las tortillas que se cosen en sus comalli fue cultivado en las milpas que por derecho les corresponden por habérselos heredado sus antepasados? ¿Será que requieren de otros quinientos años?
Sin más, el augusto felino, después de sacudir con fuerza su cabeza, volvió a transformarse en siluetas amorfas hasta que convertido en un tapiz bordado de iluminadas manchas, se elevó para que el cielo otra vez adquiriera el brillante azulado abigarrado de luminosos astros.
Algunos de los indígenas serranos lloraban de vergüenza; los demás, con inocultable indignación (después de muchos siglos) se veían directamente a los ojos. Las opacas y medrosas miradas habían desaparecido. Percibieron que la ardiente sangre del ocelot-bolom quemaba sus venas y que el irrefrenable impulso del dios del viento sacudía sus aletargados espíritus y entonces, decidieron por sí mismos rescatar el honor y la grandeza de los habitantes de la alta montaña, de las cañadas y de la selva.

jueves, 2 de octubre de 2008

Diálogos en el Lago Encantado.

Por Jesús Pérez uruñuela
En el lago del bosque habitan el Señor del Tiempo, quien allá llega por las noches a reposar de su diario trajín y una vetusta tortuga, residente del lago desde el inicio de los siglos.
Y aquella noche bañada por una intensa luz lunar de plenilunio, en el bosque, el Señor del Tiempo lentamente realizaba suaves giros sobre el lago, en tanto la Tortuga impasible le observaba.
El fantástico Señor del Tiempo estaba suspendido en el aire por dos alas que cadenciosamente se mecían, mientras otras dos permanecían inmóviles pegadas a su cuerpo. Las dos alas que estaban en constante movimiento representaban la actividad necesaria que el mundo y el universo requieran realizar en su devenir. Las otras dos alas inmóviles significaban la energía cuyo deber es estar de reserva. Además de lo antes descrito, ese extraordinario personaje tenía seis ojos. Dos estaban en su rostro, con los cuales miraba meticulosamente lo que acontecía adelante (o sea el presente y el futuro). Cuatro se ubicaban en la parte posterior de la cabeza. De estos, dos bien abiertos contemplaban el pasado, mientras los otros dos descansaban cerrados, para luego sustituir en la visión retrospectiva al par de ojos traseros cuando se fatigaran de tanto estar fijos y atentos en los sucesos pretéritos. También de las sienes del Señor del Tiempo salían dos alas. La del lado izquierdo (donde está el corazón) representaba las pasiones; la del costado derecho la mente, la razón.
La imagen de aquel “ente de seis ojos y seis alas” se reflejaba sobre el plateado estanque en el momento en que con potente voz se dirigió a la Tortuga, la que comenzó a caminar con paso lento y pesado sobre las mullidas alfombras de verde musgo:
-Respetable compañera mía –le dijo- has vivido en este lugar alejada de aquello que se llama civilización y apartada de los humanos: esos inestables seres poseídos por incontrolables deseos, pasiones y ambiciones; también inmersos en una insensata lucha contra mí: el tiempo, para saciar su inagotable apetito de poder con el cual pretenden dominar a los de su propia especie. Asimismo, afortunadamente nada te ha obligado a relacionarte con eso que se llama "progreso", el cual envenena el aire y el agua y paulatinamente conduce a la constante aniquilación de las diversas formas de vida existentes en el mundo. También el bosque te ha mantenido aislada de aquellos actos en los que el hombre, con engaños o por la fuerza, utiliza a sus semejantes para su encumbramiento y provecho personal. . .
Tu crítica es válida. –interrumpió la Tortuga y adicionó- Pero no debemos olvidar las enconadas peleas que sin importar el sacrificio de su propia vida, ha dado el hombre para la reivindicación social de los grupos mayoritarios desprotegidos que habitan su planeta . . .
La anfibia detuvo su andar y agregó a su comentario:
-Además, tienes razón al afirmar que poco conozco el mundo y la naturaleza humana, pero tengo fe y esperanza en ellos. Afuera, el hombre se ha enfrentado a condiciones contrarias, hostiles, por lo que su comportamiento -con seguridad- es una natural reacción a esa agresividad ambiental. Aquí, dentro del bosque -continuó la culta anciana - todo es diferente: yo coexisto en absoluta tranquilidad y armonía con la vegetación, con el agua, con el cielo y con los astros. Vengo de insignes familias, progenie de noble estirpe y rancio abolengo del Testudo Quelonio, por lo que me siento orgullosa que se refieran a mí con el sencillo nombre de tortuga, que significa: constancia, paciencia, seguridad, lealtad, paz y amor. Llevo cubierto mi cuerpo con una modesta pero resistente concha y mi cabeza tiene una dura placa, que me protegen del frío y de los rayos solares. Dado que mi cuello es retráctil, puedo contraerlo hacia el interior del caparazón cuando duermo y al despertar lo alargo para solazarme con el verdor del paisaje salpicado de otros vivos colores y gozo enormemente los aromas que la espesura y el estanque expelen.
-Estoy conciente -expuso el Señor del Tiempo- que tu origen se remonta a cuando la Tierra era diferente a como es ahora cuando poblabas las aguas aún tibias de los grandes mares y de los pantanos. Luego, saliste a terrenos secos en donde aprendiste a respirar el oxígeno y a caminar. Después del inicio de la vida - amplió su exposición el Señor del Tiempo- las especies que poblaban el planeta evolucionaron y se adaptaron a las bruscas transformaciones geográficas y climatológicas que en él ocurrieron. No sucedió así contigo, mi enconchada y apreciable amiga, pues sólo experimentaste cambios mínimos en ese largo período, dado que conservaste substancialmente las mismas características desde aquel momento de la creación hasta el presente. Tu evolución fue lenta, después, se detuvo.
La Tortuga movió la cabeza con intención aprobatoria y agregó a lo escuchado:
-El paso de los años, de los siglos, de los milenios, influyó en mí en forma distinta a las otras especies. Tu, Señor del Tiempo, poco a poco me empapaste de tu esencia, y la eternidad se adhirió a mi piel y a mí concha; luego ella penetró a mis huesos, a mi carne y a mis entrañas, y así recibí de ti otra de tus características intrínsecas: la sabiduría eterna. Tú eres el tiempo, el que mide la duración de las épocas, de los siglos, de los años y de los días; quien en su constante volar establece el principio y el fin de todo y de todos: de la humanidad, de las sociedades, de los más poderosos imperios y de los más soberbios gobernantes. Asimismo, eres el mensajero de los valores espirituales del hombre, porque por tus venas corre el líquido vital de lo inconmensurable y de lo imperecedero. Mientras viajas, esos valiosos tesoros quedan en las aguas del Bosque de las Virtudes, el cual me honra enormemente habitarlo.
La noche seguía con su adormecida placidez. La Tortuga calló por un momento y luego volvió a escucharse su dulce y serena voz:
-Tú mejor que nadie sabes que el hombre apareció en los más recientes instantes de la historia de la Tierra; por lo que mucho deberá andar para que ascienda a niveles de excelencia. Sin embargo, pese a su corta edad terrenal, es el único ser del reino animal que en su comportamiento manifiesta acciones extremas de benignidad y abnegación. . .
Y el Señor del Tiempo replicó:
-Pero también es quien demuestra más perversidad y egoísmo. Es imprevisible cuándo actuará con sinceridad y cuando engañará. Asimismo, se desconoce si ofrendará su vida por sus semejantes o despiadadamente los masacrará. Diferente es en el reino animal, en donde existe un distinto sistema vital que regula la aplicación de la violencia a lo que estrictamente requiere la conservación de las especies: matar como un medio de defensa o para alimentarse, así, la muerte, no es un instrumento de exterminio, sino una forma de preservar la vida.
Sorda a los argumentos negativos del Señor del Tiempo, la tortuga planteó otro razonamiento favorable al ser humano:
"¡Cuánto ha aportado al humanismo y al amor al prójimo!
Y el ser volador impugnó: -¡Y cuántos aberrantes inventos y descubrimientos científicos ha hecho para su autodestrucción! También elabora leyes con profundo sentido social y luego no permite que se apliquen para que su beneficio llegue a los grupos de población para quienes fueron promulgadas.
"El trabajo colectivo del hombre genera riqueza…. –exponía la anciana cuando el Señor del Tiempo la interrumpió:
¿Y cómo la distribuye? – preguntó y dio de inmediato la respuesta: -“Mucho o todo para pocos y poco o nada para muchos”.
Con molesta voz la tortuga expuso otros criterios, con los cuales pensó dar fin a la controversia que sostenía con el Señor del Tiempo. Dijo:
-Aún cuando la balanza que mide el peso de lo bueno y de lo malo del hombre a través de la historia, se llegara a inclinar hacia lo negativo, repito, tengo plena fe y esperanza que en el futuro, la humanidad se redimirá de su perversidad. Afirmo lo anterior, porque estoy convencida que llegará el momento en que el hombre hará que su espíritu llegue a nuestro bosque para beber en el socavón las virtudes que están reservadas para él. Cuando así sea, la sublime potestad que el ser humano recibirá con el agua del manantial divino, producirá en él la gloriosa transfiguración, la verdadera metamorfosis, que le permitirá elevar su especie a las alturas de magnificencia que le corresponde, por ser la suprema obra de la creación.
El Señor del Tiempo nada replicó en esa ocasión a la Tortuga; tal vez no le interesó insistir en sus puntos de vista respecto a la raza humana, porque a él sólo le correspondía “presenciar que sucediera lo que tenía que suceder” o quizá calló por cansancio. Continuó en movimiento suspendido en el espacio (como siempre estaba) y cerró sus seis ojos.
Por su parte, la humanista Tortuga, también agotada por la enconada discusión, en silencio se introdujo al agua. Se desplazó con suavidad y dejó tras de sí ligero oleaje sobre el cual centelleaban los reflejos lunares. En el centro del estanque, accedió a una pequeña isleta y sobre la blanda hierba cómodamente se posó. Con los ojos entreabiertos observó ensimismada el azul cielo lleno de estrellas y el lago ahora de color platino radiante. Sus labios córneos en forma de pico de ave estaban cerrados. Con rítmico vaivén introdujo su largo cuello en el carapacho y poco a poco el ronquido de su dormir fue opacado por el cantar de las cigarras y el silbar del viento que cruzaba los espesos ramajes de la elevada arboleda. La luna se ocultó tras una nube y sobrevinieron las tinieblas, pero el Bosque de las Virtudes siguió iluminado por miles de luciérnagas, cuyos destellos mágicamente centellaban sobre la superficie de la laguna.